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martes, 9 de noviembre de 2010

Exposición de Santiago Morilla

Santiago Morilla (Madrid, 1973), uno de mis diseñadores/artistas favoritos, es licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. Inaugura el próximo jueves 11 de noviembre la exposición 'Los límites del Paisaje'.


“El jardín de la buena dicha”, uno de los proyectos que expone, se tituló la intervención de Santiago en la plaza M ª Soledad Torres de Acosta de Madrid para “La Noche en Blanco” de este año.


Siempre me ha llamado la atención la plaza de la Luna, como vulgarmente la conocemos los madrileños. Desprende una energía extraña. En los últimos años el ayuntamiento ha pretendido lavarle la cara. Limpiar esa mala onda que te obliga a cruzarla con un paso más ligero de lo habitual. Aunque no han tenido demasiado éxito (el jardín vertical que han plantado en una de sus medianeras es bastante cutre) es cierto que ha mejorado un poco.

No pude ver el jardín diseñado por Santiago, pero por las imágenes que he encontrado, he podido constatar que la plaza sufrió un cambio de aspecto bastante radical. El verde siempre se agradece en un entorno tan duro.





'Una reflexión crítica sobre la realidad de la plaza de la Luna está en el origen de El Jardín de la Buena Dicha, proyecto ganador de la convocatoria de ideas de la Noche en Blanco 2010. Evocando el nombre del cercano cementerio para pobres de la Buena Dicha, este proyecto prestaba atención y espacio a las necesidades de quienes habitan la plaza. Cuando se decidió remodelarla, las autoridades no escucharon las voces que pedían la construcción de un jardín; por eso aquí la piel de uno de sus símbolos, transformada en una alfombra verde, sirvió para convertir un espacio duro, hostil y complicado en un lugar de esparcimiento. Pero esto sólo había de durar 24 horas. ¿Qué habría pasado si las cosas hubieran sucedido de otro modo? Con esta actuación provisional, temporal, efímera, se puso de relieve la difícil realidad de este enclave urbano para suscitar el pensamiento crítico a partir de la experiencia de un paisaje que sólo ha de perdurar en la memoria y las imágenes'.
             Noemi de Haro García


La exposición es en la galería José Robles (c/ Belén 2, Madrid) a partir de las 20:00h. Nos vemos por allí.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Si te metes en un jardín...

Si te metes en un jardín (raro), puedes hacer como este señor:

http://trololololololololololo.com

'Este feliz cantante, con playback desincronizado y todo, puede resultar un tanto bizarro, mas no lo es para los rusos.  El es Edward Hill ( Эдуард Хиль ), e interpreta la canción “Estoy tan feliz de finalmente volver a casa” del compositor Arkadii Ostrovskii. El género musical, cantado sin palabras, es vokaliz, un estilo bien establecido en la entonces Unión Soviética.'

Según la RAE, meterse alguien en un jardín:

1. loc. verb. Enredarse innecesariamente en un discurso o parlamento teatral o en una situación complicada.


Fuentes: RAE y www.pasalavoz.net

lunes, 22 de marzo de 2010

Concha de Fazahalí: un lugar mágico entre fósiles marinos

Hoy nuestra amiga Cristina nos ha llevado a conocer la Concha de Fazahalí, la casa rural más increíble que he visto en mi vida. Está situada en el paraje denominado Campico de Fazahalí, próximo a la barriada de la Cueva del Pájaro, en el término municipal de Carboneras (Almería). Sus dueños nos recibieron mientras realizaban las labores de mantenimiento, de cara a la próximas vacaciones de Semana Santa.


Como puedes observar en la foto, el diseño de la casa es muy especial. A lo lejos llama bastante la atención. No se parece a nada de lo que hayas podido ver antes por este rincón apartado del mundanal ruido. Nos explicaron que el arquitecto, Luis Santos Morueco, se inspiró en una de las conchas fosilizadas que se pueden encontrar en el entorno (fue construida en 1993). Todo la zona, hace millones de años, estuvo cubierta por el mar.


'Salpicado de innumerables formas cónicas, que se corresponden con antiguos volcanes, resplandece el verde de pequeños oasis que desembocan en el azul del mar Mediterráneo.'

Al acercarnos a la entrada nos atrapa un agradable olor a jazmín. Pero las sorpresas no se terminan en el exterior. Cuando uno se adentra en la casa no puede dejar de asombrarse con cada una de los espacios que se va encontrando. Escasos ángulos rectos se perciben. Las formas orgánicas, inspiradas en la Naturaleza, son las auténticas protagonistas. Los detalles están cuidados al máximo y... sorpresa, nos encontramos con un extraño jardín vertical. Varias plantas que descansan sobre un suelo de pavés dejan caer sus ramas a través de unas aberturas dispuestas especialmente para ello.


El resultado es sorprendente. En la zona inferior nos encontramos con dichas ramas que se descuelgan y buscan la luz de una ventana cercana. Percibo la extraña sensación de que se van a empezar a mover de un momento a otro, como los finos tentáculos de un ser extraterrestre.

Llegamos a la cocina, la estancia preferida de Cristina. Es cálida y acogedora. La piedra sobre la que se asienta parte de la casa asoma en uno de los rincones. Aquí se sirven los deliciosos desayunos que preparan  para sus huéspedes los propios dueños de la casa.


No se escucha ni un sólo ruido. La casa está rodeada de unas pocas construcciones, la mayoría deshabitadas casi todo el año. También se ven varias ruinas, despojos de épocas más prósperas (en esta zona se abrieron multitud de minas a principios del siglo XX).

La luz multicolor, procedente de varias vidrieras, lo envuelve todo. Es una casa mágica. Tiene una atmófera similar a la que podríamos encontrar en un lugar de culto religioso, que invita al recojimiento y a la contemplación.


Volvemos al exterior y nos encontramos con un paisaje casi cegador, que en esta época del año (y con lo que ha llovido por aquí, que es muchísimo), podría pasar por una estampa impresionista. Algarrobos, olivos, hortalizas y frutales de todo tipo, arbustos de un verde vivo y flores de infinidad de colores y cubren el valle que rodea la casa.

Un vergel en una de las regiones más secas de Europa. Un oasis de color y olor en mitad del desierto de Almería ¿no es muy raro?

Os aseguro que merece la pena conocerlo y disfrutarlo.


Más información en la web de la casa rural

domingo, 21 de marzo de 2010

Mi Jardín Botánico tiene un gingko biloba

Un jardín botánico es un raro jardín. Es una especie de arca de Noé de plantas, pero la diferencia es que no se pueden meter tan fácilmente en un barco (de cualquier forma, Noé podría haberse llevado unas cuantas semillas para dar de comer después a esos pobres animales).

El de Madrid es el mío. Lo he visitado unas cuantas veces. No es ni demasiado grande, ni demasiado pequeño, pero siempre me pierdo buscando mi árbol preferido: el gingko biloba. 


Procedente de China, éste es un árbol rarísimo, ya que 'es un árbol único en el mundo, sin parientes vivos. Está clasificado en su propia división, la Ginkgophyta, siendo el único miembro de la clase, Ginkgoopsida, ordenGinkgoales, familia Ginkgoaceae, género Ginkgo. Contiene una única especie, el Ginkgo biloba que constituye uno de los mejores ejemplos de relicto o fósil viviente conocido'.


Raras veces lo encuentro, pero si consigo dar con este fósil viviente -y es otoño-, me llevo un par de sus maravillosas hojas amarillas con forma de abanico. Una me la quedo y la otra se la regalo a alguien especialmente querido. Le digo que trae buena suerte... y tengo la absoluta certeza de que es cierto (todos tenemos pequeños amuletos, aunque no reconozcamos ser supersticiosos). 

Después de la bomba atómica de Hiroshima, fue uno de los pocos árboles que quedó en pie en las cercanías del epicentro, por lo que se lo conoce como portador de esperanza. Una de las cosas que más me sorprendieron de mi reciente viaje a Nueva York fue la cantidad de ginkgos que vimos por sus calles. Supongo que los habitantes de la Gran Manzana necesitan mucha buena suerte para sobrevivir a los embates diarios de su duro quehacer cotidiano.

...cae la tarde y me olvidé otra vez de tomar una determinación... Siempre que paso cerca de mi jardín botánico no puedo evitar comenzar a canturrear la canción de Radio Futura ¡Una canción también muy rara! (y el vídeo aún más).

Fuente: Wikipedia

domingo, 7 de febrero de 2010

Selváticas terrazas

De vez en cuando, cuando caminas por la ciudad, es interesante mirar hacia arriba. Además de contemplar las aves migratorias, te puedes encontrar jardines como éste:


Lo primero que piensas es que la pobre terraza está aguantando más peso del razonable... y cambias de acera por si acaso. Luego, mientras te alejas algo perplejo, piensas en las personas que habitan la vivienda que se esconde detrás de todo es despliegue vegetal y las 'oscuras' razones que tendrán para dedicar tantos esfuerzos al cuidado a sus queridas macetas.

Pero no da tiempo a cavilar demasiado: a pocos metros acecha otro mini-jardín que se descuelga silencioso. Esta vez se presenta con un diseño diferente, multicolor y reivindicativo: 'queremos un barrio mejor'. Totalmente de acuerdo.


Retorno a mis hondos pensamientos y llego a la conclusión de que puede haber dos motivos para sobrecargar estas añejas terrazas: no querer ver lo que se representa al otro lado de la calle... y que no le vean a uno mismo.

Lo primero me parece razonable. Generalmente las vistas que tienen los pisos no demasiado elevados -y en calles estrechas- son anodinas (excepto los situados frente a escuelas de danza). Construir una pared vegetal en el exterior de nuestra casa que nos traslade a la selva amazónica puede llegar a ser muy gratificante, aunque conseguirlo no es fácil con el clima tan extremo que aquí tenemos. Echamos de menos un contacto más directo con la naturaleza, y el jardín casero nos permite conectarnos de alguna forma con ella.

Lo segundo puedo entenderlo si te dedicas a la cría ilegal de serpientes de cascabel, pero no lo comparto. Me identifico totalmente con los habitantes de una ciudad como Amsterdam, con sus ventanas sin una sola cortina. 




Paseando por las calles del viejo Madrid me doy cuenta del gran numero de selvas que se extienden por las aberturas de nuestras viviendas. Las hay de todos los tipos y tamaños: minimalistas, floridas, con molinillos, festivas, desérticas, barrocas...
... y también surrealistas, como la que hoy me ha dejado con la boca abierta:




¿No querrán ver? ¿No querrán ser vistos? En fin... ¡¡Qué jardín más raro!!

domingo, 24 de enero de 2010

¿Qué es un jardín raro?

jardín.
(Del fr. jardin, dim. del fr. ant. jart, huerto, y este del franco *gard, cercado; cf. a. al. ant. gart, corro, ingl. yard, patio).
1. m. Terreno donde se cultivan plantas con fines ornamentales.
2. m. Retrete o letrina, especialmente en los buques.
3. m. Mancha que deslustra y afea la esmeralda.


raro, ra.
(Del lat. rarus).
1. adj. Que se comporta de un modo inhabitual.
2. adj. Extraordinario, poco común o frecuente.
3. adj. Escaso en su clase o especie.
4. adj. Insigne, sobresaliente o excelente en su línea.
5. adj. Extravagante de genio o de comportamiento y propenso a singularizarse.
6. adj. Dicho principalmente de un gas enrarecido: Que tiene poca densidad y consistencia.

Quizá algunos de los raros jardines que más me gusten no tengan un 'fin ornamental'. Por consiguiente... ¡serán aún más raros si cabe! Se podrá decir que serían jardines rarísimos.